Hace unos meses, en una clase de la universidad, la profesora hablaba sobre las prefenrecias de los hombres y las mujeres a la hora de escoger pareja; decía que, según estudios científicos, en las preferencias del hombre prevalece la belleza física, mientras en la mujer, el asunto era de tipo económico. Para ilustrarnos el concepto puso dos ejemplos:
El primero es el de un hombre que conoce a dos chicas, la primera es un decahdo de virtudes: inteligente, seria, sencilla, responsable, respetuosa, sensible, etc , y la segunda es la típica mujer voluptuosa, de medidas perfectas, con un rostro angelical, pero escasa de inteligencia, petulante, vacía, superficial. Si le dan a escoger entre estos dos prospectos de pareja, el hombre se inclina por la segunda ya que lo que busca es una belleza superficial y nada más, esto con el fin de garantizar que su descendencia tenga rasgos armoniosos y bellos.
En el segundo caso, una mujer conoce a dos hombres; los dos son igualmente caballerosos, respetusos, sensibles, comprensivos, detallistas, apasionados y entregados. La diferencia es que uno de ellos no tiene dinero, sin embargo es hombre muy atractivo, y el otro es físiciamente lo opuesto al anterior, pero amasa una gran fortuna. La mujer, en este caso, tomaría la desición de elegir a aquél que le representa estabilidad económica y que pueda satisfacer todas sus demandas materiles. Naturalmente elije al hombre adinerado para iniciar una relación formal y definitiva.
De momento me pareció una tendencia muy curiosa, pero no pasó de ahí.
Sin embargo, al pasar el tiempo, me comencé a inquietar por ese fenómeno y lo asocie inmediatamente con el comportamiento de la masa social frente a la sociedad de consumo prevalente, en la forma de actuar del hombre moderno. Ahí comencé a platearme varias preguntas, pero la que más me interesó fué la de ¿es posible que los valores y bienes económicos y materiales pueden llegar a desplazar al amor?.
En primer lugar recordé un adagio muy conocido que reza: "cuando la miseria entra por la puerta, el amor sale por la ventana". Comencé un triste camino que me llevaría aconcluir lo que no quisiera haber descubierto, pero que es tan real como el que la tierra se demora 365 días en dar la vuelta al rededor del sol.
La verdad es que para llegar a la conclusión me dediqué a la observación pasiva de las familias que me circundan, prestando especial atención a las discusiones entre esposos (que es generalmente donde se revela la naturaleza real de cada uno) que llevan cierta canitidad de años juntos y que muestran una aparente estabilidad familiar y emocional. Los descubrimientos que hice fueron asomborosos y decepcionantes:
La mayoría de estos matrimonios se sonstienen gracias a la costumbre, el miedo a la soledad y la conveniencia financiera. Lo supe así porque la mayoría de las discusiones de estas parejas, giran en trono a los deberes de la casa, la función de proveedor del hombre y la desatención de los deberes económicos para con la familia. En la mayoría de los casos se obviaba el tema de los celos, asuntos íntimos o falta de atención a la pareja, es decir, no existía emocionalidad en estas conversaciones. Podría decir que de veinte parejas observadas, a una se le escuchaba una tímida reclamación por un asunto de corte afectivo, el cual era reversado una vez el hombre manifestaba su importante papel dentro de la estructura familiar como porveedor principal o colborativo.
Mi indignación frente a estas conclusiones fué tal que decidí no investigar más sobre el asunto y olvidamre de todo ello. Al fin y al cabo par mí siempre ha primado la persona y su emocionalidad, su contenido como ser humano y no su posición social ni su condición económica. Siempre he pensado que esos son valores secundarios que son importantes para la subsistencia humana, pero no determinan su supervivencia (una persona sin amor, por ejemplo, puede perder el deseo de vivir y no hay dinero que pueda devolvérselo).
No obstante la ampolla que levanta en mí el condenado tema este, hoy me veo avocado a escribir estas líneas, como una forma de rechazo y de protesta frente a la reducción del ser humano a ser consmidor.
Protesto, porque es el hombre quien crea la economía y ésta es una invención que busca satisfacer necesidades con escasos recursos y deseos ilimitados y no la directriz que determina el éxito o fracaso de la vida de una persona. Es simplemente una manera de intercambiar productos, bienes y servicios de una manera más cómoda y organizada. No es el indicador de idoneidad afectiva de un ser humano.
Lamento profundamente que el hombre se haya tornado hoy en día en una incansable máquina de deseos irrealizables, creadora de necesidades inexistentes y de valores y sentimientos monetizados y puestos a la venta.
Rechazo la manipulación de esa escandalosa minoría que adormece a las masas y las convence de que lo más importante en la vida es el tener y el haber, antes que el ser.
Hago público mi repudio ante esto debido precisamente porque hoy, aisistiendo al burdo trasegar de una sociedad que decae cada vez más y se ensaña contra quienes no están dentro del pensamiento unificado de la masa,he caído en cuenta de que estas superficilaes tendencias que nada tienen que ver con la verdadera grandeza del ser humano, son la causa de la disfuncionalidad de familias que pudieron ser modelo para las demás, el desmoronamiento emotivo de la sociedad, la trata de valores, el mercaderísmo de la ética, la escalvización del pensamiento y la supresión del ser humano para dar paso a una nueva forma, perversa y distorsionada de ser, que es el Homos Economicus Superficialis Materialistus.
Ya no somos más Homos Sapiens Sapiens, ahora somos homos que no sapiens y no sienten más que desde su avalancha de deseos creados por la sociedad del consumo y el potencial adquisitivo de sus bolsillos.
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