LA JOYA DEL VIAJERO

El viajero vagó largo tiempo. Anduvo sin rumbo determinado percibiendo y respirando la maravilla de la creación al tiempo que soportaba el peso de la soledad que se resistía a abandonarlo... Sentía que el tiempo se acababa y la oscura sombra de su cruel compañera se hacía cada vez más prominente con cada ocaso al que asistía el hombre.

Viajó por las nieves perpetuas, los glaciares y las elevadas cuestas de los alpes apostadas en el norte, luego recorrió los intrincados senderos, las largas cordilleras, las extensas planicies y sorteó las enmarañadas profundidades de las selvas del sur; su andar lo llevó hasta, los estrechos canales, los alegres riachuelos y las profundidades abisales de los mares del oriente y a perderse en el embrujo de los míticos desiertos del oeste. En cada uno de sus destinos cultivó una flor o recogió una gema y veía a la soledad alejarse, pero, sin importar donde estuviera, sus más preciados tesoros siempre se esfumaban como briznas de polvo en el viento y de nuevo la soledad, compañera inseparable en su aventura, se le unía en la brecha que el desgraciado ermitaño tendría que recorrer en medio de la oscuridad.

Fueron tantos los espejismos como incontables son las estrellas, tantas realidades ta etéreas que el hombre perdía la noción de la realidad acerca de su propia existencia. Su espíritu se hallaba envuelto en el turbio manto de la incertidumbre, pero aún así no decaía en su empeño por coronarse con la joya que iluminaría hasta el más recóndito lugar de su ser.

Una vez, en medio de tantas ilusiones y desencantos, el hombre divisó, en medio de los lotos una gema tan preciosa, tan brillante pero tan triste que conmovió su alma. El viajero se acercó para conocer su pena y tratar de remediarla y aquél precioso zafiro, opacado su brillo por el vapor de su llanto, se lo contó todo. El viajero se enterneció con su pena y, en medio de sus sollozos notó el fulgurante esplendor de sus ojos. Preso de la luz de su alma reflejada en sus ojos él se enamoró de ella.

Aunque aún no se 


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